Un conjunto de textos que tal vez podríamos llamar poesía, una mezcla de sensaciones que me acompañaron. Un como pasé la vida hasta este momento y un manojo de historias que me hacen seguir en este viaje. No es esquizofrenia ni bipolaridad, pero siento que no estoy solo, en mi cabeza somos varios, somos nosotros.

viernes, 6 de agosto de 2010

L.

las 5 y 51 es una hora de mierda para escribir.
Estar sentado al frente de esta maquina recién despertado de la siesta es un desastre que arruina la siesta en si.
Despertarse por esa timbrada (hoy te conté 7) me jode.
Tener que pegar los ojos un rato para dejar de pensar en ti no es solución, porque apenas los cierro empiezo a soñar contigo y generalmente los sueños plantean situaciones que hoy no están.
Escribir sobre ti una vez mas es frustrante porque después los lees y dices que no te gustan.
Saber que en ti habita el mal y amarte igual es un masoquismo que me desespera.
No poder sacarme de encima tu olor es un estigma que me nubla el pensamiento.
El tener ganas de correr a buscarte, se mezcla con esta flojera absoluta.
El saber que te equivocaste (ahora si definitivamente no te va a gustar este texto), me hace sentir que tu tendrías que venir y me olvido que tu orgullo no te lo permitiría.
El vacío en mi estomago está en absoluta inversa relación con el plato gigante que comí antes de ir a la siesta.
Saber que colgaré esto donde tu no revisas y que mi esperanza es que alguien lo vea y te avise, me hace sentir muy inútil.
Tomar el celular que odio para tratar de llamar a la mujer que amo y saber que no tengo nada que decir me da ganas de vomitar.
Hoy una vez mas recurriré al querido amigo Rivotril, para no perder la cordura y poder dormir sin pensar ni soñar.
Para completar esta ironía en un par de horas, con el traje puesto y las cartas en la mano tendré que hacer que la gente se emocione, disfrute y se divierta.
Al menos en algo estaremos sintonizados la gente y yo.
No entenderemos que pasa.
Malditas y putrefactas contradicciones.

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