Un conjunto de textos que tal vez podríamos llamar poesía, una mezcla de sensaciones que me acompañaron. Un como pasé la vida hasta este momento y un manojo de historias que me hacen seguir en este viaje. No es esquizofrenia ni bipolaridad, pero siento que no estoy solo, en mi cabeza somos varios, somos nosotros.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Abajo de la Alfombra

Hoy escribo, sudo, comparto y no comprendo.
Este día reniego e insulto, me harto y escupo.
Jueves, escribo y me quejo, estoy harto de ti político pendejo.
La derecha y la izquierda, las dos son la misma mierda.
Las dos comen solas, las dos apartan al pueblo, a la gente, a mi gente.
Detesto al empresario abusivo que le tirará dos monedas al que le hará ganar millones, tanto como aborrezco al dirigente que solo habla, mueve la masa y sigue cobrando.
Es tan malo el minero explotador de nuestra sierra deliciosa, como el que marcha sin saber porque, pero con el interés de terminar sus días en alguna mansión de La Habana.
Dejen de joder que ya estamos hartos, dejen de explotar y manipular, dejen por favor de robar.
Nos acostumbramos a vivir sumergidos en el tráfico, en la pendejada, en la protesta singular de esta sociedad cada vez más individualista. Todos sabemos lo que pasa, no somos burros como nos han hecho creer.
Hasta la cabeza con comerciales mentirosos, con improvisadores que ensayan sus rutinas, con magos que no entregan ilusión, con peloteros que no sudan esta franja y con todos los que esto les resulta un negocio.
Yo soy el ácido, el que dice lo que tu no dices, el que se atreve a escribir así, al que censuraron en la radio por decirle a las cosas por su nombre.
Yo deje la universidad porque es una rica mierda, porque me cansé de que me metan el dedo al culo cada 25 días con una boleta irreal.
El sistema está de cabeza y en lugar de enderezarlo nos hemos acostumbrado a tener los pies hacia el cielo.
Vidas falsas, tetas falsas, mancuernas en lugar de libros, juerga en lugar de arte, play station en lugar de pista.
Camionetas sin parar en la costa y pobreza sin igual en la sierra.
Una vez mas diré que estas contradicciones son putrefactas y que ya no podemos seguir barriendo nuestro polvo abajo de la alfombra.

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