Casa Miraflorina clásica, de esas que el gran Julio Ramón describía en sus fabulosos cuentos.
Yo llegaba con mi papá en un Chevrolet Bel Air año 1956, amarillo con negro en bastante mal estado. Acelerador a full porque no había bocina y de la ventana aparecía "El Capitán" a decir con voz fuerte que no hagamos tanto escándalo.
Carro apagado, época en la que no había que preocuparse en subir los vidrios, nos abren la puerta y pasabamos por la cocina de "Doña Meche" quien siempre amable ofrecía algún dulce y bebida.
Yo no pasaba a la sala, subía emocionado al cuarto de mi tió "Chalo", abría ese closet de madera, me empinaba lo más que podía y sacaba una caja de cartón de "Leche Gloria". La ponía frente a mi y jugaba un buen rato con esos maravillosos juguetes que la caja guardaba. Soldados y tanques, aviones y cañones, algún vaquero y pedasos de un fuerte apache.
Al pasar un rato, mi tío Chalo me decía que ya no juegue con eso, que el me iba a enseñar algo mágico y nos sentabamos en el cuarto del costado a mirar en Betamax las imagenes de la gira Peruana por Europa en 1981. Ahí aprendí a ver fútbol en serio, que maravilla de equipo ese, con Cueto, Uribe, Velasquez, Oblitas, Cucurucho, Quiroga, Panadero, Malasquez y varios más.
El compartir en esa "familia" que formaban los amigos de mi padre, teniendo como base la casa de los "De La Puente", fue algo que me marcó de por vida.
Jorgue, Negro, Chato, Manano, Rubén, Cerebro, el fabuloso Cusi, y muchos más. Tanto me enseñaron, disfrutamos juntos la pelea de Romerito por el título mundial (perdió a manos de Ray "Boom Boom" Mancini), la clasificación de Perú a España 82, lloramos juntos cuando Argentina nos dejo fuera de México, gritamos el gol de Oblitas en el 85 (fuimos a la cancha), aplaudimos a Reina por anular a Maradona, acampamos en la sierra y en la costa, comimos miles de ceviches, me enseñaron el Rock de los 70's y la salsa dura de Lavoe.
El día avanzaba y se acercaba la hora de partir hacia el estadio, una vez más iríamos a Matute a ver a mi querido Alianza Lima y a mi ídolo "Caíco Gonzales Ganoza".
Mi tió Chalo me llevó siempre al estadio, me enseño el amor por los íntimos junto con mi papá y el Negro Bellina. Maravilloso personaje, me llevaba siempre a la tribuna occidente pegado a sur y me hacía repetir de memoria la alineación del equipo, narrabamos juntos los partidos y los vivíamos de una manera especial. Cassanova, Illescas, Pechito Farfán, el aparecer de los potrillos, el gran Caico.
Al regresar a la casa miraflorina siempre la misma bienvenida del Capitán De la Puente (padre de mis tíos Chalo y Jorgue). ¡Para que te llevan al estadio, la próxima vez vamos al circo a ver a los leónes!
No sabía mi querido cápitan que terminaría mas cerca del circo que del estadio, pero seguro si sabía el gran Chalo que terminaría contagiado por esa magia que el me inculcó desde pequeño.
Un conjunto de textos que tal vez podríamos llamar poesía, una mezcla de sensaciones que me acompañaron. Un como pasé la vida hasta este momento y un manojo de historias que me hacen seguir en este viaje. No es esquizofrenia ni bipolaridad, pero siento que no estoy solo, en mi cabeza somos varios, somos nosotros.
Un conjunto de textos que tal vez podríamos llamar poesía, una mezcla de sensaciones que me acompañaron. Un como pasé la vida hasta este momento y un manojo de historias que me hacen seguir en este viaje. No es esquizofrenia ni bipolaridad, pero siento que no estoy solo, en mi cabeza somos varios, somos nosotros.
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