Las 8 de acá son las 3 de allá, con un oceano de por medio las horas son otras, tema de meridianos y paralelos recuerdo haber estudiado en el colegio.
Desde acá y gracias al aparato que mas odio en el mundo, puedo comunicarme con la persona que mas amo. Una vez más las putrefactas contradicciones que no me dejan en paz.
Te llamo y te encuentro en ese estado entre el día y la noche, con los ojos abiertos, la mente apagada pero el corazón prendido. Entre algunas incoherencias escucho tu voz dulce, distinta, cómplice.
Palabras que hace meses son una de las pocas cosas con las que podemos sazonar nuestra historia.
Esta que no se terminó, que tiene algo más que dar, que ya es una novela en si y que quiero pintarle un final feliz.
Tengo un plan digo yo, aunque no se que hacer.
Estas bien allá dices tu, pero darías cualquier cosa por volver.
Viajar, escapar y salir es una manera de cicatrizar. Tan válida como equivocarse, levantarse y seguir.
Desde este nuevo balcón veo que a mi horizonte le falta esa alegría, esa risa contagiosa, esa espectacular manera de hacer que la vida sea mas dulce.
Esa voz complice que antes juzgaba, esas palabras de amor que fueron de odio, y ese sentir que está acá, abajo de mi almohada buscando su lugar.
A miles de kilometros sigues siendo la mujer que comparte mis alegrias, mis demonios y mi andar.
En otro continente eres aún la motivación del día, la fuerza para comenzar y una caja llena de estrellas que siempre me acompaña.
Regresarás a estos caminos, volverás a la patria que dejaste atrás, extrañas demasiado estos sabores, olores y lugares.
Este cielo gris tiene un encanto que no se puede escribir, este malecón nublado solo verá la luz cuando sea contigo y de la mano.
Esta Lima no es Lima sin ti, esta vida no es completa para nosotros 3, a esta cocina le falta tu especialidad, esta casa necesita de tu olor.
No lo pienses...
Un conjunto de textos que tal vez podríamos llamar poesía, una mezcla de sensaciones que me acompañaron. Un como pasé la vida hasta este momento y un manojo de historias que me hacen seguir en este viaje. No es esquizofrenia ni bipolaridad, pero siento que no estoy solo, en mi cabeza somos varios, somos nosotros.
Un conjunto de textos que tal vez podríamos llamar poesía, una mezcla de sensaciones que me acompañaron. Un como pasé la vida hasta este momento y un manojo de historias que me hacen seguir en este viaje. No es esquizofrenia ni bipolaridad, pero siento que no estoy solo, en mi cabeza somos varios, somos nosotros.
domingo, 12 de diciembre de 2010
sábado, 11 de diciembre de 2010
Dedicado a mi infancia, con mucho amor a mi tío Chalo De la Puente.
Casa Miraflorina clásica, de esas que el gran Julio Ramón describía en sus fabulosos cuentos.
Yo llegaba con mi papá en un Chevrolet Bel Air año 1956, amarillo con negro en bastante mal estado. Acelerador a full porque no había bocina y de la ventana aparecía "El Capitán" a decir con voz fuerte que no hagamos tanto escándalo.
Carro apagado, época en la que no había que preocuparse en subir los vidrios, nos abren la puerta y pasabamos por la cocina de "Doña Meche" quien siempre amable ofrecía algún dulce y bebida.
Yo no pasaba a la sala, subía emocionado al cuarto de mi tió "Chalo", abría ese closet de madera, me empinaba lo más que podía y sacaba una caja de cartón de "Leche Gloria". La ponía frente a mi y jugaba un buen rato con esos maravillosos juguetes que la caja guardaba. Soldados y tanques, aviones y cañones, algún vaquero y pedasos de un fuerte apache.
Al pasar un rato, mi tío Chalo me decía que ya no juegue con eso, que el me iba a enseñar algo mágico y nos sentabamos en el cuarto del costado a mirar en Betamax las imagenes de la gira Peruana por Europa en 1981. Ahí aprendí a ver fútbol en serio, que maravilla de equipo ese, con Cueto, Uribe, Velasquez, Oblitas, Cucurucho, Quiroga, Panadero, Malasquez y varios más.
El compartir en esa "familia" que formaban los amigos de mi padre, teniendo como base la casa de los "De La Puente", fue algo que me marcó de por vida.
Jorgue, Negro, Chato, Manano, Rubén, Cerebro, el fabuloso Cusi, y muchos más. Tanto me enseñaron, disfrutamos juntos la pelea de Romerito por el título mundial (perdió a manos de Ray "Boom Boom" Mancini), la clasificación de Perú a España 82, lloramos juntos cuando Argentina nos dejo fuera de México, gritamos el gol de Oblitas en el 85 (fuimos a la cancha), aplaudimos a Reina por anular a Maradona, acampamos en la sierra y en la costa, comimos miles de ceviches, me enseñaron el Rock de los 70's y la salsa dura de Lavoe.
El día avanzaba y se acercaba la hora de partir hacia el estadio, una vez más iríamos a Matute a ver a mi querido Alianza Lima y a mi ídolo "Caíco Gonzales Ganoza".
Mi tió Chalo me llevó siempre al estadio, me enseño el amor por los íntimos junto con mi papá y el Negro Bellina. Maravilloso personaje, me llevaba siempre a la tribuna occidente pegado a sur y me hacía repetir de memoria la alineación del equipo, narrabamos juntos los partidos y los vivíamos de una manera especial. Cassanova, Illescas, Pechito Farfán, el aparecer de los potrillos, el gran Caico.
Al regresar a la casa miraflorina siempre la misma bienvenida del Capitán De la Puente (padre de mis tíos Chalo y Jorgue). ¡Para que te llevan al estadio, la próxima vez vamos al circo a ver a los leónes!
No sabía mi querido cápitan que terminaría mas cerca del circo que del estadio, pero seguro si sabía el gran Chalo que terminaría contagiado por esa magia que el me inculcó desde pequeño.
Yo llegaba con mi papá en un Chevrolet Bel Air año 1956, amarillo con negro en bastante mal estado. Acelerador a full porque no había bocina y de la ventana aparecía "El Capitán" a decir con voz fuerte que no hagamos tanto escándalo.
Carro apagado, época en la que no había que preocuparse en subir los vidrios, nos abren la puerta y pasabamos por la cocina de "Doña Meche" quien siempre amable ofrecía algún dulce y bebida.
Yo no pasaba a la sala, subía emocionado al cuarto de mi tió "Chalo", abría ese closet de madera, me empinaba lo más que podía y sacaba una caja de cartón de "Leche Gloria". La ponía frente a mi y jugaba un buen rato con esos maravillosos juguetes que la caja guardaba. Soldados y tanques, aviones y cañones, algún vaquero y pedasos de un fuerte apache.
Al pasar un rato, mi tío Chalo me decía que ya no juegue con eso, que el me iba a enseñar algo mágico y nos sentabamos en el cuarto del costado a mirar en Betamax las imagenes de la gira Peruana por Europa en 1981. Ahí aprendí a ver fútbol en serio, que maravilla de equipo ese, con Cueto, Uribe, Velasquez, Oblitas, Cucurucho, Quiroga, Panadero, Malasquez y varios más.
El compartir en esa "familia" que formaban los amigos de mi padre, teniendo como base la casa de los "De La Puente", fue algo que me marcó de por vida.
Jorgue, Negro, Chato, Manano, Rubén, Cerebro, el fabuloso Cusi, y muchos más. Tanto me enseñaron, disfrutamos juntos la pelea de Romerito por el título mundial (perdió a manos de Ray "Boom Boom" Mancini), la clasificación de Perú a España 82, lloramos juntos cuando Argentina nos dejo fuera de México, gritamos el gol de Oblitas en el 85 (fuimos a la cancha), aplaudimos a Reina por anular a Maradona, acampamos en la sierra y en la costa, comimos miles de ceviches, me enseñaron el Rock de los 70's y la salsa dura de Lavoe.
El día avanzaba y se acercaba la hora de partir hacia el estadio, una vez más iríamos a Matute a ver a mi querido Alianza Lima y a mi ídolo "Caíco Gonzales Ganoza".
Mi tió Chalo me llevó siempre al estadio, me enseño el amor por los íntimos junto con mi papá y el Negro Bellina. Maravilloso personaje, me llevaba siempre a la tribuna occidente pegado a sur y me hacía repetir de memoria la alineación del equipo, narrabamos juntos los partidos y los vivíamos de una manera especial. Cassanova, Illescas, Pechito Farfán, el aparecer de los potrillos, el gran Caico.
Al regresar a la casa miraflorina siempre la misma bienvenida del Capitán De la Puente (padre de mis tíos Chalo y Jorgue). ¡Para que te llevan al estadio, la próxima vez vamos al circo a ver a los leónes!
No sabía mi querido cápitan que terminaría mas cerca del circo que del estadio, pero seguro si sabía el gran Chalo que terminaría contagiado por esa magia que el me inculcó desde pequeño.
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